Artículo de Opinión por Álvaro Salvador

Banderas y Medallas

Ciudadanía - Álvaro Salvador - Miércoles, 4 de Marzo de 2026
Álvaro Salvador abre un espacio de opinión en El Independiente de Granada, que nos honra. En este artículo nos ofrece una acertada reflexión sobre las distinciones del 28F. Para disfrutar de la lectura, debatir y compartir.
Imagen del Teatro de la Maestranza durante la gala del pasado 28F.
Junta de Andalucía
Imagen del Teatro de la Maestranza durante la gala del pasado 28F.

Con motivo de la celebración del Día de Andalucía, la Junta de Andalucía y las delegaciones provinciales han repartido sus premios y honores que se conceden en las categoría de Hijos Predilectos, Medallas y Banderas, en un orden que parece ser de importancia. Se han repartido este año 99 premios, distribuidos en distintas disciplinas que han ido desde la cultura, el patrimonio o la ciencia hasta las más diversas actividades empresariales, pasando por el mundo del espectáculo o los medios de comunicación de masas. Conviene aclarar que en estos premios, los espacios no están lo bastante delimitados, adaptándose quizá a las necesidades políticas de la Autonomía o de las distintas provincias. Además, y hablo fundamentalmente de lo que conozco que es el mundo de la cultura, de las artes y el patrimonio, en la mayoría de las ocasiones, los premiados no son las personas que más han destacado en su profesión o vocación, al menos en este año. Por ejemplo, un aspecto cuya importancia parece obvia en este momento, la preparación de distintas ciudades como Granada o Jerez para ser candidatas a la capitalidad cultural europea de 2031, no se ha subrayado lo suficiente en estas recompensas, cuando sabemos que hay gentes y equipos dejándose la vida en esa preparación. Tampoco algunos de los premiados por la difusión de su provincia parecen ser muy conocidos fuera de las fronteras de la misma, ni siquiera en las provincias vecinas. Es decir, en muchos casos, los criterios no parecen ni oportunos ni ajustados. Se confunde en muchas ocasiones –demasiadas– la cultura con el mundo del espectáculo o con el mundo de la judicatura, la actividad científica con la actividad hospitalaria, el patrimonio con la artesanía, las humanidades con la religión, etc. De los 99 premiados, hay solo cuatro escritores, un escultor y una pintora, una revista cultural, un restaurador y un taller de restauración, una compañía de teatro y un gestor cultural. Once personas de la cultura premiadas en su totalidad con banderas. Ni en las medallas ni en el resto de recompensas ha habido nadie de la cultura. En las medallas a las humanidades, las letras y las artes, se han premiado a una presentadora de televisión, un director de ciberseguridad de google y un grupo musical de sevillanas, con lo que los criterios, como señalábamos antes, no están demasiado claros.

No obstante, en el campo de la ciencia los resultados han sido más descorazonadores. Es cierto que ha habido una medalla si la consideramos de un modo tangencial, porque ha sido premiada una especialista informática, las otras cuatro banderas a la ciencia han correspondido a dos investigadores y a dos centros de investigación. Pero a las cuatro restantes hay que considerarlas también de una manera indirecta, porque han sido concedidas a hospitales y a una empresa. De cualquier modo el balance de las recompensas a la ciencia es más bajo que el de la cultura, 9 de noventa y nueve, no llega ni al diez por ciento. Con poca consideración a la ciencia y a la cultura, difícilmente un país puede salir adelante.

Pero es que además, ha existido también una evidente discriminación territorial. De las “paternidades predilectas” y las medallas, solamente hay cinco beneficiados de Andalucía Oriental y los otros ¡trece! son de Andalucía Occidental. Hijos Predilectos, ninguno del Reino de Granada, Medallistas: dos malagueñas y un malagueño, una jienense y un granadino. Ni siquiera llegan a una tercera parte. Y mejor no analizar la oportunidad, los méritos y la comparativa con otros representantes de sus mismas áreas, porque entonces los desatinos quedarían mucho más expuestos. Baste un ejemplo, premiar a un ¡empresario granadino! En un primer momento, se nos suscita un interés urgente por este personaje y su empresa, aunque la decepción es inmediata al comprobar que este señor se marchó a Madrid con 17 años y allí fundó y levantó su empresa audiovisual, transformándose, según los medios de comunicación, en el “casero de una gran plataforma internacional”. ¿Se ha beneficiado la industria audiovisual granadina o andaluza de esa posición de nuestro paisano en la “plataforma internacional”? No lo parece.

En fin, fuegos artificiales para celebrar el día de Andalucía, contentando a unos pocos amigos, empresarios, colegas, conocidos influyentes, famosos y famosillos. Mayormente de la capital, que para eso manda.

Álvaro Salvador (Granada, 1950) es catedrático emérito de la Universidad de Granada. Ha publicado trece libros de poemas entre los que podemos destacar  Las Cortezas del Fruto (Madrid, l980, Granada 2022), El agua de noviembre  (Granada, l985), La condición del personaje Granada, l992), Ahora, todavía (Sevilla, Renacimiento, 2001), La canción del outsider (Madrid, Visor, 2009) por el que obtuvo el Premio Generación del 27, Diario de Firenze (Granada, 217), Un cielo sin salida (Sevilla, 2020) y los volúmenes antológicos Suena una música (Valencia, Pre-Textos, 1996 y Sevilla, Renacimiento, 2008), POPoemas (Granada, 2014) y Caras B (Granada, 2019).

Junto a Luis García Montero y Javier Egea promocionó a comienzos de los ochenta la tendencia poética bautizada como Otra Sentimentalidad, germen de la posterior poesía de la experiencia. Ha publicado además dos novelas, algunos libros de ensayo, varias obras de teatro y dos libros de aforismos, Después de la poesía (Almería, 2006) y La vida no te espera (Sevilla, 2014). De 2004 a 2008 colaboró como columnista con el diario La Opinión de Granada.