El 23 de febrero de 1981 no fue solo una fecha crítica para la democracia española. Fue también una prueba de fuego para el periodismo público. Mientras los disparos resonaban en el hemiciclo del Congreso de los Diputados y el teniente coronel Antonio Tejero gritaba “¡Al suelo todo el mundo!”, hubo profesionales que entendieron que su deber era informar, incluso cuando el miedo se respiraba en los pasillos.

Uno de ellos fue Joaquín Arozamena.

La herida de una verdad olvidada

Con los años se consolidó un relato simplificado de aquella noche. Se habló del papel de la radio, de la figura de Iñaki Gabilondo y del mensaje del Rey que desactivó el golpe. Pero se repitió también que Televisión Española no informó hasta bien entrada la noche.

Joaquín Arozamena siempre sostuvo que eso no era cierto. Y lo decía sin grandilocuencia, pero con dolor: “Esa es mi herida”

Joaquín Arozamena siempre sostuvo que eso no era cierto. Y lo decía sin grandilocuencia, pero con dolor: “Esa es mi herida”.

A las 18:23, cuando se produjo el asalto al Congreso, las imágenes estaban llegando a los controles internos de TVE. Allí vieron cómo los diputados se tiraban al suelo. Vieron permanecer en pie a Adolfo Suárez, al general Manuel Gutiérrez Mellado —en un gesto de dignidad democrática que aún hoy emociona— y a Santiago Carrillo. Vieron cómo un guardia civil destrozaba la cámara que estaba grabando.

España no estaba viendo esas imágenes. Pero en TVE sí las estaban viendo.

A las 20:00, Arozamena abrió el informativo de la Segunda Cadena. Informó de la irrupción armada, de los tanques en Valencia ordenados por el capitán general Jaime Milans del Bosch y de la situación en el resto del país

A las 20:00, Arozamena abrió el informativo de la Segunda Cadena. Informó de la irrupción armada, de los tanques en Valencia ordenados por el capitán general Jaime Milans del Bosch y de la situación en el resto del país. Lo hizo mientras una unidad militar se dirigía a Prado del Rey para tomar las instalaciones. Lo hizo sin instrucciones claras, sin cobertura política, “más solos que la una”, como recordaba.

Después vendría el silencio impuesto, la alteración de la programación y, pasada la medianoche, el mensaje de Juan Carlos I grabado en el Palacio de la Palacio de la Zarzuela y trasladado a toda prisa a Prado del Rey por equipos en los que estuvo Pedro Erquicia.

Pero antes de todo eso, hubo una ventana informativa. Y esa ventana la abrió mi amigo Joaquín Arozamena.

Joaquín Arozamena, un gran periodista, comunicador y formador.

Un periodista todoterreno en la escuela de la democracia

Durante casi cuarenta años, Joaquín Arozamena fue uno de los rostros reconocibles de Televisión Española. Presentó Telediarios, concursos, magazines. En plena Transición, junto a Victoria Prego, condujo espacios como “Al cierre”, donde no solo se contaban noticias: se explicaba la democracia a un país que estaba aprendiendo a pronunciarla.

Aquel tono didáctico, sereno, pedagógico, no era una pose televisiva. Era una convicción profunda: comunicar bien no es adornar la realidad, es hacerla comprensible

Aquel tono didáctico, sereno, pedagógico, no era una pose televisiva. Era una convicción profunda: comunicar bien no es adornar la realidad, es hacerla comprensible.

Esa convicción encontró años después un nuevo escenario en Granada.

Comunicar también es gobernar

En la Escuela Andaluza de Salud Pública, Joaquín Arozamena con mi colaboración, desarrolló durante años un trabajo decisivo: formar a miles de directivos del sistema sanitario, responsables públicos y cargos políticos en el arte —y la responsabilidad— de comunicar.

Aquella colaboración fue un elemento diferencial en la formación directiva en España. Durante años, la Escuela Andaluza incorporó la comunicación como competencia estratégica cuando aún no era habitual en los programas formativos

No se trataba de enseñar solo algunos trucos. Se trataba de enseñar ética. De comprender que ponerse ante un micrófono no es un ejercicio de vanidad, sino de rendición de cuentas. Que una rueda de prensa mal gestionada puede generar alarma. Que una comparecencia clara puede generar confianza. Que la comunicación pública no es propaganda, es servicio.

Aquella colaboración fue un elemento diferencial en la formación directiva en España. Durante años, la Escuela Andaluza incorporó la comunicación como competencia estratégica cuando aún no era habitual en los programas formativos. Miles de alumnos pasaron por esas aulas. Directores generales, gerentes, consejeros, equipos técnicos. Muchos de ellos reconocen hoy que aprendieron allí algo más que técnicas: aprendieron actitud democrática.

Joaquín Arozamena trasladaba a las aulas lo que había aprendido el 23-F: que en momentos críticos la serenidad y la claridad son más importantes que el protagonismo. Y yo con él aportábamos juntos, la visión estratégica de la comunicación como herramienta de liderazgo público. Juntos construimos una escuela dentro de esa escuela que se nos ha ido apagando.

Joaquín Arozamena trasladaba a las aulas lo que había aprendido el 23-F: que en momentos críticos la serenidad y la claridad son más importantes que el protagonismo. Y yo con él aportábamos juntos, la visión estratégica de la comunicación como herramienta de liderazgo público. Juntos construimos una escuela dentro de esa escuela que se nos ha ido apagando.

 
Memoria frente al olvido

El 23-F fue la noche de la radio, se ha dicho muchas veces. Y lo fue. Pero también fue la noche de profesionales de la televisión pública que, con miedo y responsabilidad, intentaron sostener el derecho a la información.

Reconocer el papel de Joaquín Arozamena no es reescribir la historia. Es llenarla de verdad.

Porque la democracia no solo se defendió en el hemiciclo ni solo en los despachos institucionales. También se defendió en un estudio de televisión, en una redacción tomada por militares, y años después en un aula donde se enseñaba a gobernar comunicando con honestidad.

Y esa lección —la de informar cuando tiembla la democracia y la de comunicar con responsabilidad cuando se ejerce el poder— sigue siendo hoy más necesaria que nunca. Gracias Joaquín por dejarme estar a tu lado en ese proceso formativo de muchos profesionales y directivos en la Escuela Andaluza de Salud Pública.