'¿Quién será el gafe de Granada?'

Acojonado estoy. Después de estar toda la tarde pegado a la radio oyendo los descalabros del C. B. Granada y del Granada C. F. Me he santiguado siete veces. Que Dios nos coja confesados. Se va a cumplir lo de la bruja Lola. Me explico.
Viernes tarde. Estoy sentado esperando en una conferencia en la Biblioteca Francisco Ayala. Oigo una conversación, en voz baja, en la fila de atrás. Dos señoras se cuentan sus vidas. Su conversación discurre más o menos así:
─Pues sí. Me ha dicho que no tendré que esperar mucho. Ni siquiera voy a ir a tocar la piedra negra de las Santas Cuevas el próximo San Cecilio. Que me va a dar el divorcio y lo que yo le pida.
─No me digas, tan fácil lo llevas…
─Eso me ha dicho Lola. Que se va con la otra y por fin me deja vía libre.
─Qué suerte, chica.
─¿Y de lo demás?
─Poca cosa. Lo que me dijo en la anterior visita. Que no pierda el tiempo ni el dinero con el Euromillón y que al follamigo lo tengo loquito con el carrete que le hago.
─Entonces, el domingo nos vamos al ventorro a comer y a los Cármenes para rematar la tarde.
─A comer, a reír y a folgar, lo que quieras. Pero no vuelvo al estadio a ver al Granada.
─¿Y eso?
─Porque también le pregunté a Lola, asegura que esto irá a peor. Seguro. Que no va a ganar contra el Castellón. Las cartas le salieron que también baja el Granada. A tercera, o como se llame ahora.
─Uy, chica, qué jodido lo tenemos. Ni el deporte nos da una alegría en Granada.
─¡Si yo te contara todo lo que me dicen esas cartas!
─Te cobrará un huevo cada vez que vas.
─Qué va. Somos amigas. Me lo deja en la voluntad, le doy 70 euros por sesión. Es la mejor inversión que hago. Me lo paso pipa con ella. Menos de lo que me cobraba el sicólogo.
─Cuenta, cuenta…
─Todo lo que me ha dicho en los últimos años se cumple a rajatabla: que mi marido no repetiría de concejal. Que nos divorciaríamos. Que me iba a hartar de longaniza de Cantimpalo. Que los trenes llegarían cada vez con más retraso. Que el aeropuerto no despegaría. Que ni AESIA ni AESP ni 2031… Al tiempo.
─Y tú todo eso lo has contado en el partido, no lo de Cantimpalo, lo de la mala suerte con los proyectos de Granada.
─Qué va. La ejecutiva no escucha a nadie. ¿Quién se va a creer lo que dicen las cartas de la bruja Lola?
─¿Qué dicen?
─Pues, coño, la mala suerte que tenemos de un tiempo a esta parte. Lola dice que Granada es como una ciudad a un cenizo pegado. Un gafe a una ciudad pegada. Como decía Quevedo, “érase un hombre a una nariz pegado”. Algo así.
─Y quién es el gafe.
─Eso quisiera saber Lola. Dice que las cartas no le ponen cara nítida, se ve borroso. Pero no tiene por qué ser una persona. Que puede ser una institución, una empresa una cofradía. O yo qué sé. Pero que haberlo, haylo.
─O sea, que donde aparece o lo que toca, lo echa a perder.
─Más o menos. Que si su nombre, su marca o su logotipo aparecen sobre carteles o camisetas, a la mierda se va el asunto.
─Podría entonces ir impreso en las camisetas de nuestro equipo. O en la publicidad del campo.
─No sé si tanto, pero por ahí podría rondar.
─Ozú. Jesús María y José.
Imagino que se santiguó seis veces al estilo de Tuco en El Bueno, el feo y el malo. Estaba a mi espalda y no la vi. Empezó la conferencia y callaron. No se me ocurrió mirar quiénes eran.
Me olvidé del asunto hasta ayer tarde. Cuando los nuevos descalabros de nuestros equipos de primeras divisiones
Me olvidé del asunto hasta ayer tarde. Cuando los nuevos descalabros de nuestros equipos de primeras divisiones. Aunque esos me los esperaba. No hay que ir a Lola a que nos eche las cartas. Pero sí me interesa mucho lo del gafe que ronda por Granada. Ardo en deseos de saber quién o qué es el cenizo.
Vi que hicieron fotos de los asistentes. Intentaré identificarlas, contactar con ellas para que me den el teléfono de la bruja Lola. Le pediré consulta. A ver si somos capaces de identificar al gafe de Granada. O a la gafa, que también podría ser mujer.
Llegado el caso, podríamos desterrarlo/a de la ciudad, o de la provincia, como hicieron el siglo XIX con el famoso Aguafiestas del pueblo más lluvioso de España, Grazalema. Llovió menos cuando lo expulsaron. Dicen que emigró a Granada, donde falleció y está enterrado.
Es probable que el gafe, gafe, ni bajo tierra pierda sus poderes.

















