'Hasta que la igualdad se haga costumbre'

Qué sería de la Iglesia si las mujeres dejaran de hacer sus trabajos habituales. Es una de las preguntas que lanza el manifiesto que el movimiento Revuelta de las Mujeres en la Iglesia ha lanzado este domingo durante la acción-protesta que ha protagonizado a las puertas de la Catedral de Granada, en la hermosa Plaza de las Pasiegas.
Reivindican tener "voz y voto" en el seno de la Iglesia católica, donde, a pesar de ser "mayoría aplastante", están "invisibilizadas" y sin posibilidad de acceso a puestos de responsabilidad. Como ejemplo llaman la atención sobre "la desproporción entre el número de teólogas preparadas y los puestos que ocupan como docentes en las facultades de Teología". Reclaman el acceso al diaconado y al presbiterado femenino para aquellas mujeres que sientan dicha vocación, ahora limitada a los hombres.
"Limpiar y poner flores, también de los varones" y "limpiar y predicar, es todos por igual", fueron algunos de los lemas coreados y que dan una idea de la sensación de estas mujeres.
Antes de leer el manifiesto con sus reivindicaciones, que reproducimos bajo estas líneas, las mujeres protagonizaron una 'performance', representando a María de Nazaret y a Eva.
Queremos hacer visible nuestro trabajo incansable y gratuito. Las mujeres somos mayoría aplastante en el voluntariado, en las celebraciones religiosas, en catequesis, en pastoral, en la acción social con las personas más empobrecidas, en los movimientos eclesiales, en la enseñanza, en la vida religiosa... Somos las manos y el corazón de la Iglesia, pero con relativa frecuencia se nos niega la palabra, tener voz y voto, la toma de decisiones y el liderazgo, como se puso de manifiesto, una vez más, en cada Sínodo de la Iglesia.
2. ¿Qué sería de la Iglesia si dejáramos de hacer todos los trabajos, que venimos haciendo?
Trabajamos en la Iglesia, porque es nuestra comunidad de referencia para vivir el Evangelio.
Trabajamos con ahínco para que la Iglesia denuncie el sistema económico neoliberal que impide que las personas tengamos unas condiciones de vida dignas, porque este sistema expolia la tierra, fomenta la feminización de la pobreza y favorece la explotación laboral y sexual de las mujeres.
Trabajamos y trabajaremos para recuperar una Iglesia donde las mujeres seamos reconocidas como sujetos de pleno derecho, con voz y voto en todas partes y valoradas por nuestros talentos y carismas.
Alzamos la voz y nos manifestamos porque vivimos una profunda discriminación en la Iglesia y ha llegado el momento de decir “¡Basta ya!”. Ni podemos ni queremos callarnos. Estamos cansadas de las incoherencias y autoritarismo que percibimos a diario, por eso:
3. Seguiremos trabajando en y desde la Iglesia para que podamos recuperar la comunidad de iguales que trajo Jesús.
Seguiremos trabajando con empeño para que la Iglesia dialogue con los movimientos de liberación de las mujeres y reconozca la diversidad de familias, identidades y orientación sexual. /Hace años abrimos una brecha en el muro que nos impedía el acceso a los estudios de teología, no pararemos hasta que se reconozca y valore la riqueza de teología feminista, como motor de cambio.
No pararemos hasta que se elimine el lenguaje patriarcal y sexista en las homilías, textos litúrgicos y documentos; hasta que la moral sexual de la Iglesia se preñe de ternura y misericordia y deje de culpabilizar a las mujeres.
4. Queremos denunciar las múltiples formas de injusticia e invisibilización que sufrimos en la Iglesia, la desproporción entre el número de teólogas preparadas y los puestos que ocupan como docentes en las facultades de Teología y en otros puestos de responsabilidad y reivindicamos el acceso al diaconado y al presbiterado femenino para aquellas mujeres que sientan dicha vocación.
No estamos solas. Formamos parte de una red que crece cada día y se entrelaza con mujeres de Iglesias de Europa y del mundo que también han dicho “¡Basta ya!” y alzan su voz, hasta que la igualdad sea costumbre.
En el año 2000 celebramos el Jubileo de las Mujeres, manifestándonos aquí mismo. Hoy, 25 años después, en el Jubileo de la Esperanza, seguimos comprometiéndonos por una iglesia sinodal; y organizadas, para seguir en Revuelta, para que la Iglesia vuelva a ser una comunidad de iguales Y LA IGUALDAD SE HAGA COSTUMBRE.
HASTA QUE LA IGUALDAD SE HAGA COSTUMBRE


































