Sus contenidos se centran en temas relativos a la localidad de Beas de Granada y su comarca

Reaparece la revista 'La Capa'

Comunicación - Redacción El Independiente de Granada - Miércoles, 7 de Enero de 2026
Te informamos de la segunda etapa de la revista, que vuelve a dirigir y editar José García Mesa, y reproducimos un artículo de Gabriel Pozo Felguera titulado 'Aquellas capas y capotes granadinos', de la publicación.
José García Mesa (centro) en la presentación de su revista, flanqueado por el alcalde de Beas y uno de sus hijos.
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José García Mesa (centro) en la presentación de su revista, flanqueado por el alcalde de Beas y uno de sus hijos.

La revista literaria La Capa ha vuelto a ser editada en su segunda época. Se estuvo editando entre los años 1986 y 2000 en su primera cita con los lectores. Su anterior editor-director, José García Mesa, la ha resucitado con parecido formato y la misma portada del pintor Francisco Izquierdo que la vio nacer.

Tiene su origen y nombre en una leyenda y refrán que se adjudica a Beas: la del recaudador de impuestos que colgó su capa en un muro frente a su mesa de trabajo y, por detrás, se la recortaron. Ahí nació el dicho de: ““Si vas a Beas pon la capa donde la veas…”

Tiene su origen y nombre en una leyenda y refrán que se adjudica a Beas: la del recaudador de impuestos que colgó su capa en un muro frente a su mesa de trabajo y, por detrás, se la recortaron. Ahí nació el dicho de: ““Si vas a Beas pon la capa donde la veas…”.

Sus contenidos se centran en temas relativos a la localidad de Beas de Granada y su comarca. Aunque también hay otros muchos de tipo genérico. Recupera algunas colaboraciones de autores ya fallecidos (Izquierdo, Enrique Padial, Francisco Rabal) e incorpora a nuevos narradores. Las ilustraciones han salido de la mano de Antonio Manuel Mesa Ruiz.

La presentación tuvo lugar anteayer en la Casa de la Cultura de Beas de Granada.

Ejemplares con un dibujo de Francisco Izquierdo que representa el Santo de Beas.

Reproducimos uno de los artículos que inserta la revista La Capa, del colaborador de El Independiente de Granada Gabriel Pozo Felguera.

Aquellas capas y capotes granadinos

Hombres con capa mirando los cimientos inundados del Instituto Padre Suárez, primeros años del siglo XX. MARTÍNEZ RIOBOÓ.

Sospecha la literatura, y el Refranero español, que fue en un pueblo de León, allá por el siglo XII, donde surgió la leyenda de la capa cortada y robada: Valderas. De allí, con la conquista castellana, se extendió al resto de pueblos de España que riman con la terminación “ea”. Alea, Alcolea, Majahea y por supuesto a los varios Beas que se reparten por la geografía andaluza: Beas de Huelva, Beas de Segura, Beas de Guadix y Beas de Granada. Pero es aquí, en nuestro pueblo granadino, donde en el siglo XX se completó poéticamente con el refrán “Si vas a Beas pon la capa donde la veas; porque, aunque le estés mirando, te la están cortando”. Y Pepe García Mesa la elevó a categoría literaria en su revista La Capa.

La protagonista de historias y refranes siempre fue la capa. Los actores secundarios, recaudadores, ladrones de poca monta, paisanos de pueblos vecinos, etc. Pero el núcleo siempre fue una prenda de vestir tan española que quizás su uso se remonte a época celtibera

La protagonista de historias y refranes siempre fue la capa. Los actores secundarios, recaudadores, ladrones de poca monta, paisanos de pueblos vecinos, etc. Pero el núcleo siempre fue una prenda de vestir tan española que quizás su uso se remonte a época celtibera. Y que generó infinidad de modelos según la riqueza de sus propietarios: de paño pardo para el trabajo, capotes para frío y lluvia, capotines hasta la cintura y ya en el XIX las elegantes capas que incluso se consideraban pieza de lujo que dejar en herencia.

La capa era en los siglos XVI y XVII el símbolo que marcaba la entrada en la adolescencia, pues en tal periodo de la vida la recibían como símbolo de madurez. Eso quiénes se la podían costear, porque tener o no tener capa era la frontera que marcaba el bienestar o la indigencia. Y, más tarde, ya en la madurez, no había caballero capado que no se hiciera acompañar de su espada o estoque, elemento indispensable para los caballeros o propietarios. De sus disputas a hierro batiente nació la expresión “de capa y espada”, con todo lo que ello conllevó para el mundillo literario.

La capa saltó de los primeros diccionarios a las novelas y comedias de ese nombre en el Siglo de Oro Español. Y a principio del siglo XIX, con la aparición de los periódicos modernos, se empiezan a ver noticias relacionadas con la capa. Especialmente surgidas en pueblos que rimaban con “ea”

La capa saltó de los primeros diccionarios a las novelas y comedias de ese nombre en el Siglo de Oro Español. Y a principio del siglo XIX, con la aparición de los periódicos modernos, se empiezan a ver noticias relacionadas con la capa. Especialmente surgidas en pueblos que rimaban con “ea”. En cada uno, el refrán de la capa y su robo adquirió un cariz diferente. El refrán más puro lo encontramos ya en 1847 (periódico El Eco del Comercio) recogido de Aleas (León). “En Arboleas pon la capa donde la veas”. Venía a significar que los bienes había que tenerlos bien vigilados para evitar robos en aquella España de lazarillos, mangantes y granujas ambulantes. El Universal de Madrid (1905) advertía a los viajeros que “Si vas a Aleas lleva la capa donde la veas”; algo muy similar a lo que nos advierten hoy por megafonía en los medios de transporte, donde cacos y carteristas están a la que salta. Algo similar advertía La Prensa (1910) para quienes tuviesen su destino en Mahalea.

Quizás fueron pobladores castellanos quienes ─a finales del siglo XIII acompañaron a Fernando III a la conquista del reino de Niebla─ fundaron Beas (de Huelva) y desde aquí la tradición se extendió a las otras Beas que tiene Andalucía.

Quizás fueron pobladores castellanos quienes ─a finales del siglo XIII acompañaron a Fernando III a la conquista del reino de Niebla─ fundaron Beas (de Huelva) y desde aquí la tradición se extendió a las otras Beas que tiene Andalucía. Para entonces, el Refranero español ya tenía recogidas varias versiones relativas a la capa y los cuidados que había que tener con ella. Leemos en el siglo XIX varios dichos destacables: “En Corrales (entre Salamanca y Zamora), por la capa do la halles”; “Cuando fueras a Pancorbo (Burgos), ponte la capa en el hombro”; “El hombre pobre, capa de pardo, casa de robre, taza de plata y olla de cobre”; “En aldeas, pon la capa donde al veas”; “En Aracena, quien va sin capa no cena”; “El que tiene capa, escapa”, “Abrígate en febrero con dos capas y sombrero”, “Si truena en abril, prepara la capa y échate a dormir”, “Si Dios de éste me escapa, nunca me cubrirá tal capa”, “Labrador de capa negra, poco medra”; “Si vas a Aleas, pon la capa donde la veas, que si vienen los de Fuencemillán te la quitarán”, etc. La leyenda no deja de ser una alegoría sobre la presencia, constancia y vista que hay que tener sobre los bienes y personas de cada uno.

También la historia sagrada tiene importantes referencias a la capa, su uso, su necesidad y el bien que se podía hacer con tan preciada y necesaria prenda

También la historia sagrada tiene importantes referencias a la capa, su uso, su necesidad y el bien que se podía hacer con tan preciada y necesaria prenda. Jesucristo dijo que al que le quiten la capa al menos le den un sayo (prenda de menor porte). Y en época del imperio romano, el centurión que luego fue San Martín, partió su capa de varias vueltas y la compartió con un pobre más necesitado que él. Incluso Miguel de Cervantes, en El Quijote, echa mano de la capa en uno de sus pasajes (capítulo 58), aunque por entonces la llamaba ferreruelo (capa corta).

Por supuesto, no hay ninguna historia de terror en la literatura moderna que no vaya envuelta en larga capa y amparada en la oscuridad de la noche

Por supuesto, no hay ninguna historia de terror en la literatura moderna que no vaya envuelta en larga capa y amparada en la oscuridad de la noche. Para concluir el capítulo de referencias, no olvidemos que la capa simbólica saltó incluso al lenguaje taurino (capa y capote son las herramientas del torero); en época de la Ganadería de Aleas (Colmenar Viejo), tan de moda a principios del siglo XX, unos versillos comparaban la calidad de los toros con las capas, había que verlos para creerlos: “No creas en tal largura/hasta que tu no la veas/ni creas que es muy segura/igualmente la bravura/de los morlacos de Aleas/.

Las capas granadinas

El uso tan abundante y normalizado de capas tuvo su mejor momento en el XIX y principios del XX. Granada y sus contornos desarrollaron una potente industria capera por esa época. Las capas, en realidad, se hacían por encargo a sastres en la mayoría de los casos, pero existieron infinidad de batanes y fábricas para hacer los paños. Siempre con lana de oveja. Hubo por aquí muchas fábricas asociadas a cursos de aguas de los ríos Beas, Darro y Genil. El trapiche más cercano a Beas de Granada estuvo ubicado ya en 1752 en un batán que hubo por debajo de Huétor Santillán, propiedad de Nicolás Sanz Jiménez, quizás donde hoy está la fábrica de la luz. También los hubo en las siguientes zonas de Granada capital: calles Sabanilla, Nueva de San Antón, Convento de Santo Domingo, Solares, exconvento de San Diego (Fajalauza), Pardo y los Muñoces del Albayzín… incluso en el Albayzín hubo una calle llamada de los Paños, así como Pañería en la zona comercial del centro. Esto da idea de la gran importancia del negocio de las capas hasta casi mediado el siglo XX.

Hombre con capa y cura con sotana en la acera de la Gran Vía en construcción. MARTÍNEZ RIOBOÓ.

No fue hasta el entorno de 1859 cuando empieza a aparecer en Granada un comercio de venta de capas ya confeccionadas. Venían de importación de Barcelona; vemos cómo en la calle del Milagro se estableció un catalán que las vendía y un año más tarde Almacenes El Águila de Barcelona venía un par de veces al año a venderlas en el portalón de Fonda la Victoria de Puerta Real.

La capa castellana y su versión andaluza fueron tan cotizadas entre las clases adineradas granadinas que se consideraban un tesoro, dejadas en herencia a hijos y nietos por su gran calidad y duración

La capa castellana y su versión andaluza fueron tan cotizadas entre las clases adineradas granadinas que se consideraban un tesoro, dejadas en herencia a hijos y nietos por su gran calidad y duración. De ahí que, también, las famosas prendas ─con valor aproximado al sueldo de dos meses de un obrero─ fuesen objeto de la codicia y el robo. La prensa granadina de finales del XIX y principios del XX está repleta de noticias de robos de capas, detenciones, encarcelamientos y ofrecimientos de recompensas.

No es de extrañar que también algún pobre de Beas de Granada, bien porque pasaba frío o porque quería venderla para poder comer, decidiera en aquella ocasión cortar la capa al recaudador de impuestos cuando la colgó en el muro y se la cortaron por atrás. Un refrán y tradición que fue actualizado por mi amigo Pepe García Mesa en su revista beata nacida en 1986 y elevado a tradición digna de perdurar. Salud y larga vida a la renacida revista La Capa.

Noticias de prensa granadina de finales del XIX y principios del XX que daban cuenta de lo frecuente que era el robo de capas, una prenda de mucho valor y prestigio por entonces.