'8M: Memoria, lucha y compromiso feminista'

Cada 8 de marzo salimos a la calle para recordar que la igualdad entre mujeres y hombres sigue siendo una tarea pendiente. Los derechos conquistados nunca están garantizados y mientras exista una sola mujer explotada, violentada o silenciada, el feminismo sigue siendo necesario.
Esta fecha nace del movimiento obrero y del feminismo internacionalista. En 1910, durante la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas celebrada en Copenhague, Clara Zetkin propuso instaurar un Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras para reivindicar derechos políticos y laborales.
Un año después, el incendio de la fábrica textil Triangle Shirtwaist en Nueva York dónde murieron encerradas y quemadas 123 mujeres y 23 hombres, mostró de forma brutal las condiciones de explotación que sufrían las trabajadoras. Desde entonces, el 8 de marzo se ha convertido en una jornada global de movilización.
Las mujeres que protagonizaron aquellas luchas levantaron un lema que sigue resonando hoy: “Pan y rosas”. Pan para exigir condiciones materiales de vida dignas -trabajo, salario, derechos-. Rosas para reclamar algo más profundo: dignidad, libertad y una vida libre de violencia. Más de un siglo después, ese lema sigue definiendo la lucha feminista.
Son incuestionables los avances logrados gracias a décadas de movilización feminista
Son incuestionables los avances logrados gracias a décadas de movilización feminista. El derecho al voto, el acceso de las mujeres a la educación, la incorporación al mercado laboral, los derechos sexuales y reproductivos o las leyes contra la violencia machista han transformado nuestras sociedades.
El feminismo ha sido la revolución más profunda y pacífica de la historia contemporánea: una revolución que ha ampliado la democracia y ha mejorado la vida de toda la sociedad. Pero esa revolución está lejos de haber terminado.
La Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2024, presentada por el Ministerio de Igualdad en diciembre de 2025, arroja cifras alarmantes. El 12,7% de las mujeres ha sufrido violencia física o sexual por parte de su pareja en algún momento de su vida y el 30,3% ha experimentado algún tipo de violencia dentro de la pareja. Además, el 36,2% de las mujeres ha sufrido acoso sexual a lo largo de su vida.
Especialmente preocupante es que las mujeres jóvenes son el grupo en el que más crece el número de víctimas de violencia sexual
Especialmente preocupante es que las mujeres jóvenes son el grupo en el que más crece el número de víctimas de violencia sexual. Este dato debería obligarnos a reflexionar sobre el contexto cultural en el que se socializan las nuevas generaciones: la banalización de la violencia, el consumo masivo de pornografía y la normalización de la explotación sexual.
La desigualdad también se manifiesta con fuerza en el terreno económico. En España 6,6 millones de mujeres viven en riesgo de pobreza o exclusión social, muchas de ellas al frente de hogares monomarentales, en situación de desempleo o con trabajos precarios.
La brecha salarial sigue rondando el 17%, reflejo de un mercado laboral que penaliza la maternidad, invisibiliza los cuidados y concentra a las mujeres en los empleos más precarizados.
El trabajo de cuidados que sostiene la vida cotidiana sigue recayendo mayoritariamente en las mujeres
El trabajo de cuidados que sostiene la vida cotidiana sigue recayendo mayoritariamente en las mujeres. Un trabajo imprescindible para la sociedad que, sin embargo, continúa siendo poco reconocido y peor remunerado.
Pero el feminismo también alza la voz frente a otras formas de explotación que convierten el cuerpo de las mujeres en mercancía y exige la abolición del sistema prostitucional. La prostitución es un sistema de violencia sostenido por la demanda masculina y por redes de explotación que se alimentan de la pobreza y la vulnerabilidad de las mujeres.
A esta explotación se suma la expansión de la pornografía y la pornificación de la cultura, que normalizan la violencia sexual y transmiten a generaciones cada vez más jóvenes una idea de la sexualidad basada en la dominación y la cosificación de las mujeres.
La explotación reproductiva que se materializa en los vientres de alquiler y el mercado internacional de óvulos ha creado una industria global que convierte la capacidad reproductiva de las mujeres en un negocio que se nutre de las desigualdades económicas entre países y entre mujeres.
El feminismo es internacionalista, sus reivindicaciones no se circunscriben sólo a lo local
El feminismo es internacionalista, sus reivindicaciones no se circunscriben sólo a lo local. En el mundo, millones de mujeres siguen privadas de derechos básicos. En más de veinte países todavía se permite el matrimonio forzado de niñas, una práctica que les arrebata la infancia, la educación y la autonomía.
En Afganistán, bajo el régimen talibán, las mujeres han sido totalmente expulsadas de la vida pública: no pueden estudiar, trabajar, cantar ni siquiera hablar en público. Su existencia ha sido reducida al silencio y a esas cárceles de tela.
El feminismo es pacifista. En los conflictos armados las mujeres y las niñas son víctimas de violaciones sistemáticas, desplazamientos forzados, trata y explotación sexual. El militarismo refuerza la cultura patriarcal y convierte los cuerpos de las mujeres en territorios de guerra.
Cada 8 de marzo es una jornada de memoria, reivindicación y compromiso. Memoria para recordar la lucha de aquellas que nos precedieron, reivindicación para seguir denunciando las desigualdades que padecemos en función de nuestro sexo, por haber nacido mujeres y compromiso para seguir luchando hasta conseguir una civilización feminista.
Cada 8 de marzo es una jornada de memoria, reivindicación y compromiso. Memoria para recordar la lucha de aquellas que nos precedieron, reivindicación para seguir denunciando las desigualdades que padecemos por haber nacido mujeres y compromiso para continuar en la tarea colectiva de transformación integral frente al patriarcado.
Mientras exista una sola mujer explotada, violentada o silenciada, el feminismo seguirá siendo necesario.



































