DE BAR EN PEOR

"María Jesús y su acordeón"

Política - Paco Espínola - Viernes, 6 de Marzo de 2026
Con su brillante forma de expresarse, Paco Espínola nos ofrece un nuevo artículo que se centra en la líder del PSOE andaluz.

Manejar el silencio es más difícil que manejar la palabra y ya se sabe que en campaña los políticos prometen puentes donde no hay ríos, la luna los días de eclipse y tienen el milagroso poder de convertir el vino en agua. Le ha ocurrido a la ministra de Hacienda, María Jesús Montero. La mujer anda por esos mundos de Andalucía preparando oposiciones a presidir la Junta. Y se ha puesto a competir con Juanma Moreno, el rey de la ‘grasia’ y el salero, moderado, que para eso es de ‘sentro’. Y María Jesús se está equivocando, quiere echarle un pulso en el terreno donde Juanma es el jefe: el de los tópicos y el folclore quinteriano. 

María Jesús le reprochó que practique un andalucismo que «no va más allá del folclore». Se equivoca. Juanma ya conoce estos comentarios y al repetirlos se limita a encogerse de hombros con una mirada tan plácida que parece carente de inteligencia. Es la mirada de un trilero que conoce el secreto del agitador: volverse tan estúpido como sus oyentes, de forma que éstos se crean tan inteligentes como él. Y el truco es simple: cuando teníamos todas las respuestas nos cambiaron las preguntas.

Si el PSOE gobernó en Andalucía durante 41 años, Juanma ha conseguido que en solo siete nuestro riesgo de pobreza esté en el 29’2% (el de España es del 19,7%). Un paro muy alto, salarios bajos, baja productividad, falta de vivienda asequible, sanidad y educación deterioradas o privatizadas. Las listas de espera sin publicar durante un año ocultaban un aumento del 227% fuera del plazo legal para operarse; 841.731 pacientes esperan un especialista y 192.561 una operación quirúrgica. Más del 12% de la población sufre esta situación. 

Cuando la derecha habla de “cultura andaluza” piensa en los Álvarez Quintero. Sus tópicos han hecho tanto daño a Andalucía como el franquismo y Canal Sur a la copla. Esa mezcla paternalista de señoritos indulgentes con sus obreros andaluces analfabetos y graciosos dejan al margen lo sombrío y miserable de las lacras sociales para no inquietar al espectador. 

En el teatro quinteriano todos son felices, por su propia dicha o por la ajena, nadie se queja demasiado, todos se alegran de haber nacido y la derecha actúa con total impunidad procla¬mando resignaciones. Este romanticismo de azú¬car ignoraba en absoluto la cuestión social andaluza y siempre tenía a mano un amor, el amor de una moza garrida, para consolar al labriego de las carencias sociales. ¿Se ha observado cómo el amor es la moneda universal para pagar todo lo que no se paga? Moneda ficticia, que rueda falsamente por el mundo engañándonos a todos, que seguimos siendo miserables. Para ese romanticismo optimista, el andaluz era candoroso, rusonianamente bueno, además de sobrio y templado; vivía sin trabajar, cantando como una cigarra o haciendo chistes para que los humoristas los colasen en sus monólogos. Sobre todo, era incapaz de recurrir a la violencia extrema. Y, sin embargo, ese hecho insólito ya se produjo un 30 de diciembre de 1981 cuando Andalucía puso aquella bomba de la Autonomía a las puertas del folclore quinteriano, echando por tierra a sus muñecos. Fenómeno importante que debe abrir los ojos a muchos y hacerles pensar en la urgencia de revisar sus ideas políticas. Ese andaluz clamó por su derecho a la consideración, a ser representado en su verdad como trabajador, que no se resigna, como ser humano. En adelante deberán tenerlo en cuenta esos exégetas literarios de la “malafollá” y el “nipollas” locales. Hay que revisar –y trascender– todo ese costumbrismo –toros, vino, flamenco, procesiones y liturgias de honda tradición– para exigir dignidad.  

Aunque la campaña electoral no tiene fecha, María Jesús promete crear plazas de Formación Profesional porque la Junta «ha preferido privatizarla», y en el ámbito educativo, derogar la Ley Universitaria Para Andalucía y «dar recursos a la pública».

Pero su promesa estrella (¿de quién ha sido la idea?) es una «ley de lenguas andaluzas» para «preservar, impulsar, investigar y trasladar el valor de lo que significa ser andaluz y expresarnos como andaluces con orgullo y sin complejos, siendo capaces de defender nuestros orígenes». «Necesitamos seguir combatiendo los tópicos», defendió. O sea, combatir los tópicos con un tópico mayor que ha conseguido poner de uñas al mundo de la filología. Entre otras razones porque no se puede elevar las hablas andaluzas a la categoría de lenguas como catalán, gallego o euskera ya que es una variedad lingüística con distintas subvariedades. «De lo que hay que sacar pecho es de esa diversidad», defiende Marta Torres, profesora de Lengua Española en la Universidad de Jaén. Además, en el plano jurídico, el Estatuto de Autonomía protege esa diversidad en el artículo 10 donde establece «la defensa, promoción, estudio y prestigio de la modalidad lingüística andaluza en todas sus variedades».

La propuesta recuerda a la de Feijóo en el Congreso cuando prometía crear «una gran Agencia de Seguridad de Transportes» que ya existe.