'Las cartas sobre la misa'

Cada año vemos a nuestros alcaldes y concejales, de uno y otro partido, contonearse solemnes en las cabeceras de las procesiones de Semana Santa (no más santa que ninguna otra, que no hay canonización para el tiempo), en una renovada escenificación de la sempiterna simbiosis que otorga votos y prestigio a quienes, sin escrúpulos, colocan el poder civil (que si es democrático, es laico) al pie del altar.
Cuenta el poeta Antonio Marín Albalate que en 2022 Serrat dijo a los políticos en un concierto en Murcia: «Si no saben, ¿qué hacen ahí? Si no pueden, ¿para qué están ahí? Y si no quieren, ¿para qué los queremos ahí?».
El pueblo español, y el andaluz particularmente, es demasiado afectivo para no ser religioso. En general, esto puede decirse de todos los pueblos; no hay pueblo que no sea creyente; solo los individuos alcanzan la actitud agnóstica; los pueblos necesitan creer, si no se extinguirían, ya que no hay nada tan biológico como una creencia. Quizá por esa razón hasta mi adolescencia fui católico, creía en todo lo que me ponía nervioso. Poco después, los libros y la experiencia contrastada, me llevaron a la orilla de la razón. Dios dejó de ser mi personaje de ficción favorito, que diría Homer Simpson.
Mucho más precoz fue Isabel Díaz Ayuso quien, en 2019, confesó en Antena 3: «Perdí la fe a los nueve años, pero comparto los valores cristianos». Así, aprovechando que la religión y el partidismo han pasado sobre las víctimas de Adamuz (¡el obispo de Córdoba lamentó que se impidiera dar el sacramento en la vía!), contraprograma al Gobierno y a la Junta convocando una misa «en nombre de todos», pero solo asistieron el alcalde de Madrid y la portavoz del PP en el Congreso.
Otra prueba de ese catolicismo militante la tenemos en la decisión de la Junta de Andalucía en llamar “Virgen de la Esperanza” al nuevo hospital de Málaga: «Lo hemos anunciado [27 de enero] junto a la Archicofradía del Paso y la Esperanza. Su propuesta está muy trabajada, cuenta con el apoyo mayoritario de la sociedad malagueña, y la imagen de la Virgen tiene un fuerte vínculo con la salud». Por su parte, la Virgen no ha querido hacer declaraciones respecto a la privatización de la Sanidad.
Esta semana aún colea la “incendiaria” propuesta del Gobierno sobre las pensiones (la derecha nació pensionista, pero sin cotizar, votó en contra), los desahucios y la regularización de migrantes que, para Feijóo, utilizando otro comodín como el de ETA, «aumentaría el efecto llamada». A la Conferencia Episcopal, por el contrario, le parece «una buena noticia», tal vez recordando al siempre omnipresente Aznar (hasta en los papeles de Epstein) quien en 2009 ya ponía condiciones.
Participaba en el curso de verano Ser cristiano en una sociedad secularizada dirigido por Antonio Cañizares, arzobispo de Toledo. Fue presentado como «un gran patriota». «La aspiración más grande que he tenido en la vida es ser un buen español», respondió Aznar. El argumento de su conferencia fue que sin las «raíces cristianas», origen de nuestro sistema de valores, no se puede explicar nuestra sociedad, ni la idea de Europa. La defensa de esos valores es vital para defender nuestra identidad. Sobre los migrantes propuso que «quienes lleguen sea para compartir nuestros principios, de raíz cristiana pero abiertos a todos».
Dieciséis años después, Gustavo de Castro, diputado de Vox en la Diputación de Granada solicita «la supresión inmediata del programa de enseñanza de lengua árabe y cultura marroquí en los centros escolares de Granada».
Mucho antes que ellos, en 1948, y más “conciliador”, ya lo propuso Warren Austin, delegado de EE. UU. en la ONU: «Árabes y judíos deben arreglar este problema con verdadero espíritu cristiano».
La pomposa denominación “Venerable Orden Tercera de San Francisco de Asís” (VOT) dejana vecinos al borde del desahucio con subidas del 7% de los alquileres en sus pisos de Madrid. Uno de ellos, Mariano Ordaz, que ha vivido los 64 años de su vida en el mismo piso donde nació, no fue desahuciado por la movilización del Sindicato de Inquilinos. Por aquello de la caridad cristiana, rogó misericordia. «No somos una ONG», le dijeron. Aunque la VOT se jacta de vivir con lo justo, y en su web se interesa en construir «un mundo más fraterno» y luchar «por la justicia», en Madrid se comporta «como un fondo buitre», censura el Sindicato.
Otros que también luchan “por la justicia” son los Abogados Cristianos. Por cierto, curiosa especialización la suya. Conocíamos la de Laboralistas, Penalistas, Mercantiles... Pero ¿cristianos? La verdad es que su bufete fracasó estrepitosamente ante el juez Pilatos y su jurado popular. Ideológicamente sabíamos de la extrema derecha, pero estos se adscriben a la extrema unción.
Vinculada con la secta mexicana de extrema derecha El Yunque, afín también a Hazte Oír, sus acciones son frecuentes basadas en mentiras y chantajes y buscan defender la fe cristiana en el ámbito público, leyes abortistas, de género o por la exhumación de figuras históricas. Se constituyeron como asociación en 2008, según su fundadora, «por los continuos ataques al cristianismo de Zapatero», pero se reconvirtieron en fundación en 2020 para conseguir ventajas fiscales. De este modo se lanzaron a los juzgados con la melancólica demencia de una heroína de Tennessee Williams. Su frenética actividad ha puesto en el punto de mira a políticos, humoristas y personas anónimas, pero ha logrado más titulares de prensa que sentencias favorables.
Yo, por mi parte, voy a denunciar a Abogados Cristianos por atentar contra mis sentimientos de ateo.
Por favor, seamos tolerantes y recordemos la solución de la Cruzada Albigense (siglo XIII): «Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos», ordenó el legado del Papa, Arnaud-Amalric, a los cruzados que querían hacer una distinción entre católicos y herejes antes de entrar a saco en Béziers. Tras los 30.000 muertos de Béziers y la matanza de Montségur, las fuerzas aliadas lograron sus objetivos económico–religiosos.






























