'Matar el tiempo'

«Lleva la iniciativa de la comunicación, es la clave», ordenó Feijóo a Mazón en uno de sus mensajes el día de la Dana. Pero el consejo no es suyo, Feijóo está excesivamente ocupado para ser inteligente. Como Ayuso cuando balbucea «Libertad» o «Guerracivilismo», demasiadas sílabas para sus conexiones neuronales. Tampoco aquel «¡Váyase, señor González!» de Aznar. Detrás de todos ellos están anónimos directores de comunicación con un retrato de Goebbels en su despacho.
Aznar, ni Franco, se han ido. Están agazapados en la mente colectiva de los suyos y sus influencias: jueces, periodistas, empresarios, policías y curas. Son como el virus de la gripe: cíclico y mutante.
Ellos no hablan de política, no plantean programas alternativos: todo lo basan en descalificaciones personales. Su capacidad de odiar se centró en Zapatero, Iglesias, Sánchez y otra vez en Zapatero. Abogados Cristianos, por ejemplo, usan las tácticas de un hombre que ni convirtiendo el agua en vino hizo más de doce amigos.
Mienten con descaro pues saben que la mayoría ni oye las noticias, ni lee un periódico, ni escucha un debate. Todo son mensajes cortos (si son muy largos ni los leen, ni los oye la mayoría) que solo buscan despertar la rabia de la gente. Saben que la demoscopia descansa en la errónea presunción de que las personas en general tienen una opinión.
Todo tiene una justificación que siempre, al poco, se demuestra que es falsa. Lo resume un chiste popular: dos políticos están discutiendo. Uno dice: «Estás mintiendo». «Ya lo sé –dice el otro–, pero deja que acabe».
Así lo argumentaba el general retirado José Enrique de Ayala: «Justo antes de ser secuestrado, Maduro se había comprometido con China a vender el petróleo a cambio de euros o yuanes. Sadam Husein se comprometió a vender el petróleo en euros un mes antes de que fuera invadido Irak acusado de poseer armas de destrucción masiva. Gaddafi se comprometió a vender el petróleo en dinares un mes antes de ser atacada Libia». Y Ayala propone: «Si Europa se pusiera de acuerdo con China, India, Brasil o Indonesia de que el petróleo mundial no se iba a pagar en dólares, Estados Unidos temblaría».
En 1968, los Archivos Nacionales de Washington desclasificaron un informe confidencial que el Office of Strategic Services había solicitado en 1943 al psicoanalista de Harvard Walter Ch. Langer. En la página 51 de su informe, Langer propuso un resumen personal de los principios que él consideraba propios de la propaganda nazi.
1. Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único Símbolo; Individualizar al adversario en un único enemigo.
2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo; Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
3. Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Es decir, si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan.
4. Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
5. Principio de la vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.
6. Principio de orquestación. La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene la frase: «Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad».
7. Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
8. Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.
9. Principio de la silenciación. Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
10. Principio de la transfusión. Generalmente la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
11. Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente que se piensa “como todo el mundo”, creando impresión de unanimidad.
¿Reconoces, lector, estas normas en el periodismo y en las redes sociales?
El auténtico periodismo no cuenta “la Verdad”, porque “la Verdad” es mentira (sólo un concepto teológico, como los ovnis o Ana Rosa Quintana); no es “Objetivo” (nadie que ama, que odia y que vive lo es). Solo debe ser “honrado” y no matar el tiempo.

















