Campaña Esquía la primavera.
DE BAR EN PEOR

'Funeraria Modus Vivendi'

Política - Paco Espínola - Viernes, 13 de Marzo de 2026
Un artículo de Paco Espínola, con su extraordinario estilo, que no puedes dejar de leer.

Contaba Alfred Hitchcock en sus Memorias que, en un cementerio de Londres, junto a la tumba de un compañero  muerto en la II Guerra Mundial, se reunieron varios actores. Uno preguntó al actor Charles Coburn: 

—¿Cuántos años tienes? 

—Ochenta y nueve. 

—Realmente, Charlie, ¿te vale la pena volver a casa?

Es el dilema que se ha planteado Juan Carlos Primero (y último, no veo yo a los Borbones continuando con la numeración). Añora ser corrupto en España donde estaría acompañado de sus monárquicos e influyentes amigos. 

Es cierto que para algunos con Franco se moría mejor, y aún hoy la muerte goza de prestigio a pesar de la simpleza de la definición: «Morir es yacer con la cara cubierta de tierra y aguantando la respiración para siempre».  

En España, para obtener el respeto y la consideración ciudadana, lo primero que tienes que hacer es morirte. Un triunfo en Eurovisión sería en nuestra sociedad un acto muy honorífico; pero su pompa no podrá jamás equipararse a la de un entierro, y cuando queremos honrar verdaderamente a alguien, vamos y lo enterramos. Hay que escuchar las alabanzas exageradas que se les dirigen a los muertos, y es que, indudablemente, aquí no se entierra a nadie mientras sus méritos y sus virtudes no estén reconocidos por la mayoría. Incluso está bien visto falsear el currículum del finado. Ya lo advertía Jason Robards en La balada de Cable Hogue, la película de Sam Peckinpah: «La pena no es morirse, sino qué van a decir cuando te mueras». 

La gente se nos está yendo al otro mundo como se nos iba antes a los paraísos fiscales, en busca del bienestar o la consideración que no encuentra en éste. Se nos va las más de las veces por haber conseguido aquí solo una modesta mordida de varios millones, y el problema no consiste en facilitarle tal o cual medio de locomoción, sino en retenerla entre nosotros el mayor tiempo posible. 

Lo dijo el novio de Ayuso ante el juez: «O me voy de España o me suicido». El problema de los cementerios es que quieren que los pagues por adelantado, algo a lo que no están dispuestos ni González Amador ni Juan Carlos I. Pero éste es previsor y conoce las primeras palabras del testamento que a los 92 años escribió el rey Gustavo Adolfo de Suecia: «Si algún día yo muero...».

Según la biógrafa Laurence Debray, Juan Carlos quiere ser enterrado en la Capilla Real de Granada junto a los Reyes Católicos. Alguien se ha inventado que esto simboliza la Transición de la Granada musulmana a la cristiana, un reflejo del papel del emérito en la democracia. Por su parte, la reina Isabel ha manifestado que allí no cabe un alfiler. «Vamos a ver… Aquí estoy yo, mi marido Fernando, la pobre Juana, el chuleta de Felipe, que de Hermoso no tenía nada, y el infante Miguel de la Paz. Además mi marido y Felipe siguen amargándole la muerte a Juana inventando mentiras. Si Juan Carlos entra aquí sería un inquiokupa y tendríamos que recurrir a Ana Rosa, a Nacho Abad y a Securitas Direct». 

Los periodistas sabíamos que Necrológicas era una sección que no tenía muchas salidas, pero el posible regreso del emérito le ha dado actualidad. Con su enterramiento se ha especulado desde su salida de España en 2020. La tradición ubicaba el sepulcro de los monarcas en el Panteón de los Reyes del Monasterio de El Escorial. Sin embargo, allí residen eternamente 26 sepulturas principales y el espacio dedicado a Juan Carlos y Sofía estaría completo.

Cifra esotérica del gusto de Felipe II, promotor del Monasterio. Constructora la suya muy dada al esoterismo y la numerología. La cifra 26 corresponde a los 26 caracteres de la antigua Biblia hebrea, el valor numérico de Jehová. Jehová es tanto positivo como negativo, el Ying y el Yang. Y si duplicamos 26 obtenemos 52. Por eso hay 52 semanas en un año y 52 cartas en una baraja. Así que Juan Carlos no va a romper la susodicha.

Feijóo, el subdelegado del PP, vive en una permanente Navidad y sigue creyendo que el Rey le trajo la democracia. Según él la desclasificación documental del 23F demuestra que Juan Carlos paró el golpe de Estado y, por tanto, «sería deseable que regresara a España». Argumenta que en sus memorias ha reconocido «errores innegables» (especificarlos sería de plebeyos), pero «contribuyó a sostener» la democracia. «Él nunca ha robado, es Capricornio», argumenta Feijóo.

Zarzuela responde que puede volver cuando quiera. Eso sí, debe regularizar su situación fiscal en España, es decir, tributar aquí. Un requisito con el que Juan Carlos no estaría conforme.

Paseando por el maravilloso puerto peruano de Iquitos una furgoneta con un potente altavoz anunciaba: «Funeraria Modus Vivendi. ¡Tu funeraria!». Creo que esa sería la empresa adecuada para solucionar este conflicto. O, en último extremo, que el emérito descanse junto a Franco en Mingorrubio, así se hacen compañía. 

De confirmarse, la decisión del emérito añadiría un nuevo capítulo a las relaciones de Granada con la Corona y restañaría la profunda herida que dejó en la ciudad al afirmar en el desaparecido restaurante Los Manueles que no le gustaba la Tortilla Sacromonte.

Volvería a ser campechano.