Artículo de Opinión por José González Arenas

La rebelión de los palurdos

Ciudadanía - José González Arenas - Sábado, 5 de Abril de 2025
José González Arenas, en su primera colaboración con El Independiente de Granada, nos ofrece una acertada reflexión que te recomendamos.
Imagen extraída del tráiler de la película The Reader.
The Reader
Imagen extraída del tráiler de la película The Reader.

Se estrenó en 2008. El título de la película es The Reader (El lector). Está protagonizada por Ralph Fiennes, David Kross y Kate Winslet y dirigida por Stephen Daldry. El guion es una adaptación de David Hare, de la galardonada novela homónima de Bernhard Schlink. Su protagonista femenina, Kate Winslet, consiguió un Óscar, un BAFTA y un Globo de Oro, entre otros premios. La otra noche, la echaron en La 2.

Como sucede con las películas interesantes, hay diversas formas de aproximación

Como sucede con las películas interesantes, hay diversas formas de aproximación. En una de ellas nos muestra la historia de Michael Berg, un muchacho adolescente en la Alemania de la segunda posguerra, cuyo despertar sexual se produce con el apasionado idilio que mantiene con una misteriosa mujer que le dobla la edad y que esconde un vergonzoso pasado además de un profundo secreto personal. A medida que la curiosidad cede al incómodo sentimiento de culpa experimentado por aquellos cuya mayoría de edad se produjo después del Holocausto, la esencia de la película se nos va revelando, como una historia sobre "la verdad y la reconciliación".

Básicamente podemos decir que la película trata sobre la culpa y cómo continuar sabiendo lo que hemos hecho.

No vamos a hacer spoiler, pero la película tiene un momento crucial en el que la protagonista, pudiendo obtener una condena de cuatro meses, recibe una sentencia de cadena perpetua, porque no quiere reconocer que es analfabeta y que no sabe leer.

Esa vergüenza que evita pasar la condenada es impensable en los tiempos que corren. Que una persona admita ser condenada a cadena perpetua, antes que confesar que, en el desarrollo de unos hechos punibles, ella no sabía leer y, por lo tanto, tampoco escribir, es una situación que muchas personas pueden no entender al tratarse de una decisión atípica.

En la actualidad, en España, sobrevivimos anclados en el extremo opuesto: en una sociedad en la que no hay vergüenza de ser ignorante

Porque en la actualidad, en España, sobrevivimos anclados en el extremo opuesto: en una sociedad en la que no hay vergüenza de ser ignorante. Ítem más: existe un cierto “orgullo” de ser ignorante.

Hace unos años un empresario andaluz, que terminó acuciado por deudas y condenas, presumía de “no haber leído un libro en su vida”. Lo mismo pasó con un futbolista del Real Madrid. Nada, no pasó nada. A ambos se le rieron “la gracieta”.

Hace unos meses, la presidenta de la Comunidad de Madrid manifestó su sorpresa, después de haber estudiado una licenciatura universitaria, porque en Ecuador se hablase español

Hace unos meses, la presidenta de la Comunidad de Madrid manifestó su sorpresa, después de haber estudiado una licenciatura universitaria, porque en Ecuador se hablase español. Y no pasó nada. Unas sonrisas benévolas y si ahora esa persona participase en una contienda electoral, seguramente sería masivamente votada, “tratándose de una persona ampliamente formada y con una gran clarividencia para tratar los problemas de la cosa pública” (las comillas son mías).

Vivimos en una sociedad en la que los palurdos hacen gala de su ignorancia. En el que parece existir una competencia por ver quien demuestra ser más palurdo (o palurda, que de todo hay en la viña del Señor).

Y si esos desvergonzados analfabetos se quedasen ahí, su daño quedaría limitado. Pero es que acto seguido a presumir de su incultura, se lanzan a creer en falsos gurús y a propalar sus ideas mentecatas.

No tienen bastante con darle una patada a miles de años de Formación, Educación y Cultura. Sino que, con decidida fe, pasan a convertirse en creyentes de que la tierra es plana, de que las vacunas incorporan microchips o de que el VIH no causa el SIDA.

A los palurdos les da igual que hace más de 2200 años Eratóstenes estimase la circunferencia de la Tierra. O que las vacunas contra el virus SARS-CoV-2 (COVID-19) hayan salvado miles de vidas humanas. Para ellos, el Cambio Climático no existe, porque a M.Rajoy “se lo ha dicho su primo”.

José González Arenas (Córdoba, 1959) es biólogo y divulgador. Con una larga trayectoria profesional, en la actualidad continúa su trabajo como científico, investigando e impartiendo docencia, dentro del Área de Economía de la Cadena Alimentaria del Centro IFAPA "Alameda del Obispo", en Córdoba. Está vinculado, además, a causas sociales y en 2012 fundó la Asociación de Amigos de Medina Azahara.