¿De verdad que los nazaríes se comieron a 260 cautivos cristianos en la Alhambra?

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Un documento inglés asegura que faltaba un tercio de los presos de las mazmorras en los Mártires porque habían sido devorados por los musulmanes sitiados
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Ningún otro cronista ni la infinidad de cartas salidas del Real de Santa Fe hacia Europa menciona que existiera canibalismo; a lo sumo, se comieron perros y gatos
Lo hizo en una ponencia durante el XVIII congreso anual celebrado en Málaga por la Sociedad Española de la Lengua y Literatura Inglesa Medieval
La sorprendente noticia sobre caníbales granadinos en el siglo XV fue revelada hace ahora casi dos décadas por el profesor José Gómez Soliño (Universidad de La Laguna). Lo hizo en una ponencia durante el XVIII congreso anual celebrado en Málaga por la Sociedad Española de la Lengua y Literatura Inglesa Medieval. Fue en la primera semana de octubre de 2006. Este investigador comentó un documento de sumo interés que venía a cambiar por completo la percepción y valoración de lo ocurrido en el tramo final de la conquista o entrega de Granada.
Desde entonces me he releído prácticamente todas las cartas y crónicas que se conservan de la Guerra de Granada en busca de más datos sobre un canibalismo que habría pasado desapercibido hasta entonces. No he hallado ninguna más. Rara conclusión: ¡sólo los ingleses mencionaron canibalismo en las últimas semanas de la ciudad musulmana!
Sus discursos o comentarios habrían llegado a Londres de caballeros y cartas enviadas por cruzados ingleses participantes en la fase final de la Toma de Granada
El documento inglés de referencia lo había encontrado el catedrático Gómez Soliño escrito dentro de un libro propiedad de un monje inglés llamado William Wydmondham; era canónigo del priorato agustino de Kirkby Bellars, en Leicestershire (Inglaterra). Se trata de anotaciones hechas a mano por el monje en inglés antiguo en los márgenes de las páginas. Las habría anotado tras asistir al sermón en la Catedral Vieja de San Pablo de Londres del 6 de abril de 1492. Fue una función de los católicos ingleses para celebrar la caída de Granada. Añadió de su cosecha los datos que parece oyó en la homilía a los arzobispos de Canterbury (cardenal Jhon Morton) y de Londres (Richard Hill). Sus discursos o comentarios habrían llegado a Londres de caballeros y cartas enviadas por cruzados ingleses participantes en la fase final de la Toma de Granada. El religioso propietario del libro hizo aquellos apuntes en los márgenes de su manuscrito para que no se le olvidaran.
En primer lugar, porque introducen el elemento del canibalismo de los moros granadinos como primera y única referencia que existe en la infinidad de crónicas y cartas generadas por aquella guerra paneuropea
Las sorprendentes y llamativas anotaciones del monje son del todo novedosas. En primer lugar, porque introducen el elemento del canibalismo de los moros granadinos como primera y única referencia que existe en la infinidad de crónicas y cartas generadas por aquella guerra paneuropea. También porque precisa de manera muy detallada números de soldados, armas y pertrechos que había dentro de las murallas de la ciudad a disposición de los sitiados nazaritas.
Aproximadamente una tercera parte del listado de los 700 prisioneros que tenía contabilizado el ejército cristiano encerrados en las mazmorras del Corral de Cautivos
Cuenta que el hambre fue tanto aquel otoño e inicio del invierno de 1491 que los granadinos recurrieron a comerse a los cautivos cristianos, una vez que ya habían agotado las provisiones, los gatos, los perros y los asnos. Cifra en unos 260 el número de prisioneros que fueron objeto de los dientes de los hambrientos habitantes. Es decir, aproximadamente una tercera parte del listado de los 700 prisioneros que tenía contabilizado el ejército cristiano encerrados en las mazmorras del Corral de Cautivos o Campo de los Mártires. No ofrece más detalles que el número de supuestas víctimas, sin fechas de sus ingestas, sexos, edades, lozanía, etc.
En el resto del mundo cristiano ya era el segundo día de 1492
Los apuntes del monje introducen un dato que parece un error en la data, ya que dice que el rey Fernando de España tomó Granada el 1 de enero de 1491. No se trata de error ni errata del informante puesto que por entonces el calendario británico daba comienzo el 25 de marzo y, por tanto, para los ingleses la ciudad de Granada fue tomada casi tres meses antes de que finalizara su año 1491. En el resto del mundo cristiano ya era el segundo día de 1492.
Mitad de ejército musulmán que cristiano
Las anotaciones del fraile son bastante interesantes en cuando al resto de datos porque vienen a puntualizar y confirmar otras crónicas italianas, francesas y españolas que despejan exageraciones de crónicas posteriores. Ya bien entrados los siglos XVI y XVII, historiadores y cronistas llegaron a cifrar la población y los soldados dentro de las murallas hasta por encima de 70.000 combatientes; en tanto que el ejército cristiano nunca habría superado los 55.000. Los números de William Wydmondham cifran en 30.000 los pares de brigantinas (corazas metálicas) requisados al tomar Granada; de ellas, 6.000 estaban cubiertos de oro y remaches dorados. Las espadas sumaron 22.000, de las que casi la mitad estaban repujadas de oro por ambos lados. Valora su precio en 30 chelines ingleses, una fortuna. Habría 4.000 pares completos de arneses blancos. Otras 22.000 ballestas con sus correspondientes flechas y carcajes.
Es de imaginar que esos datos de la “crónica inglesa” fueron enviados por algún caballero inglés que estuvo presente en la Toma de Granada, o un comerciante. Los números referidos a combatientes, armas y pertrechos son bastante creíbles. No así el tema del canibalismo
Da a entender que toda esta información fue comentada durante la imponente ceremonia de la Catedral Vieja, presidida por los dos arzobispos y las autoridades londinenses. No sabemos la fuente o fuentes de procedencia de tan detallados datos. Porque no existen cartas enviadas desde el Real de Granada hacia Londres, al menos conservadas; contrariamente a las muchas que se dirigieron a ciudades italianas, a París y a concejos de Castilla y Aragón. Es de imaginar que esos datos de la “crónica inglesa” fueron enviados por algún caballero inglés que estuvo presente en la Toma de Granada, o un comerciante. Los números referidos a combatientes, armas y pertrechos son bastante creíbles. No así el tema del canibalismo. Es en lo único que difiere ostensiblemente el texto inglés del resto de crónicas de otros países e historiadores.
Los apuntes del fraile que corrieron por Londres dejan claro que “antes de que rindieran la ciudad por falta de alimento se comieron todos sus caballos, perros, gatos y a 260 cristianos que estaban allí en prisión”
Es muy probable que los 22.000 equipamientos se correspondiesen con los nazaritas en condiciones de combatir. Frente al ejército de cristianos de más del doble que rodeaban las murallas de la ciudad. Pero el detalle del canibalismo resulta muy chocante en una sociedad musulmana que rechazaba comer animales de garras. Menos aún a personas. Sin embargo, los apuntes del fraile que corrieron por Londres dejan claro que “antes de que rindieran la ciudad por falta de alimento se comieron todos sus caballos, perros, gatos y a 260 cristianos que estaban allí en prisión”.
Tangencialmente, también habla la anotación inglesa de las muchas riquezas en oro y diamantes que hallaron los cristianos repartidos por la Alhambra y la mezquita mayor. Además de las armas doradas. "En el templo principal ─dice la anotación─ había 300 lámparas de oro y plata y cuatro asientos para el rey y la reina y otros señores. Y se registró gran abundancia de oro y plata, la cual el rey de España dejó allí para construir una iglesia de fe cristiana (…) en uno de los castillos donde el rey y la reina de Granada se alojaban, las paredes del salón y de las habitaciones eran de alabastro, engastadas en muchos lugares con piedras preciosas. Se encontraron también grandes e innumerables riquezas y joyas".
La fuente inglesa llega a decir que las pareces de la Alhambra estaban forradas con diamantes y alabastro. Quizá le deslumbraron las yeserías, el mármol blanco y los mocárabes coloreados como brillantes
Seguramente otra exageración ya que el reino nazarita llegó exhausto a diciembre de 1491 tras muchos años pagando parias a los reyes de Castilla y Aragón, y soportando los costes de una larga guerra. La fuente inglesa llega a decir que las pareces de la Alhambra estaban forradas con diamantes y alabastro. Quizá le deslumbraron las yeserías, el mármol blanco y los mocárabes coloreados como brillantes.
A pesar de esos apuntes en inglés antiguo, el propio descubridor y traductor Gómez Soliño advirtió que podría tratarse de una exageración propagandística para presentar a los musulmanes como seres abominables. Es decir, una fake en toda regla ya practicada por los ingleses del siglo XV. Habrá que remontar unas décadas el inicio de la leyenda negra contra el imperio español.
Disparidad y contradicciones de las fuentes
Es evidente que la Toma de Granada fue la noticia más importante ocurrida en el orbe cristiano a finales del siglo XV. La declaración de guerra santa por el Papa hizo que muchos nobles de todos los países se desplazaran con sus lanzas hasta la frontera granadina a colaborar en la empresa iniciada por Fernando de Aragón e Isabel de Castilla. Y a buscar botín. Sobre todo, ya en la segunda parte, tras la toma de Málaga (1487) y Almería, Baza y Guadix (1489).
Los musulmanes bastetanos habían venido acumulando alimentos para aguantar por lo menos quince meses. No fue necesario tanto tiempo ya que el 4 de diciembre se produjo la rendición
El cerco de Baza se inició en la primavera de 1489. Se llevó la artillería desde la costa de Vera y se proveyó de alimentos al ejército para aguantar lo que hiciera falta. Por su parte, los musulmanes bastetanos habían venido acumulando alimentos para aguantar por lo menos quince meses. No fue necesario tanto tiempo ya que el 4 de diciembre se produjo la rendición. Para entonces menciona el cronista Alonso de Palencia que ya faltaba el alimento y apareció el hambre. Los bastetanos entendieron que era inútil inmolarse, prefirieron capitular y convertirse en mudéjares. El rey Fernando había ordenado talar y quemar todas las cosechas. Además de bombardear la ciudad casi todos los días. Daban fin a seis duros meses de resistencia.
El sufrimiento de Baza sirvió de ejemplo a Almería y Guadix. El rey Al-Zagal, tras ver lo ocurrido en Baza, valoró que era mejor no resistir inútilmente ante un ejército cristiano que se aproximaba a los 50.000 combatientes. Decidió firmar la capitulación sin cerco ni hambruna el 23 de diciembre para Almería y el 30 de diciembre de 1489 para Guadix. El Zagal decidió vender sus propiedades a los cristianos y exiliarse a África. En tanto que una parte de sus capitanes se cristianizaron y se pusieron al lado del bando ganador.
Y con ellos también llegaron una serie de cronistas y mensajeros que se encargaban de poner el oído, valorar y enviar cartas y crónicas a sus respectivos países y ciudades. Obviamente, cada cronista enfocaba sus misivas con sus propios ojos y con los datos de que disponía
El caso de la capital, Granada, se presentaba mucho más complejo. Gobernaba Boabdil y no había sufrido lo que su tío Al-Zagal en las ciudades de la parte oriental. La tala continuada de la Vega que rodea la capital, ya desde 1490, para provocar el hambre y la instalación del Real en los campos de Santa Fe en 1491 también atrajo a cortesanos, embajadores, obispos y extranjeros que deseaban ver con sus propios ojos el final del último reducto musulmán de occidente. Y con ellos también llegaron una serie de cronistas y mensajeros que se encargaban de poner el oído, valorar y enviar cartas y crónicas a sus respectivos países y ciudades. Obviamente, cada cronista enfocaba sus misivas con sus propios ojos y con los datos de que disponía. Silenciaba, añadía o resaltaba lo que resultaba de mayor interés. Ocurría como en la actualidad con un hecho político: cada periodista y cada medio lo cuenta a su manera; parece que ninguno ha contemplado el mismo acto objetivo. Igual ocurre con el receptor, que entiende y valora según su predisposición e intereses.
Algo parecido debió ocurrir con la información que salía desde la “oficina de prensa y propaganda” del Real de Santa fe a finales de 1491 y principios de 1492
Algo parecido debió ocurrir con la información que salía desde la “oficina de prensa y propaganda” del Real de Santa fe a finales de 1491 y principios de 1492. Existieron tres cauces básicos para la trasmisión de información de lo que ocurrió realmente en la Toma de Granada: las cartas que enviaba casi a diario el rey Fernando a las ciudades de Castilla, reinos italianos y a Roma; la segunda vía fueron las comunicaciones de los embajadores extranjeros a sus gobiernos; y la tercera correspondieron a los cronistas que vivieron de cerca los hechos. Incluso dentro de los cronistas hay que distinguir los que eran oficiales, al servicio de los Reyes Católicos o los magnates que acudieron con sus ejércitos, y los escritores que iban por libre.
El resultado es que no quedan del todo claro infinidad de detalles: ¿Por qué se adelantó la entrega al día 1? ¿Cómo fue la salida de Boabdil y su corte?...
La consecuencia de aquella diversidad de ojos escribiendo, valorando y enviando información de la Guerra de Granada es una disparidad de datos que muchas veces resultan contradictorios. Y para embarrar más el asunto, los cronistas del siglo XVI ─los que escribieron de oídas lo contado por los participantes─ contribuyeron a enmarañar más lo que debió ser la realidad. El resultado es que no quedan del todo claro infinidad de detalles: ¿Por qué se adelantó la entrega al día 1? ¿Cómo fue la salida de Boabdil y su corte? ¿Estuvo o no la reina Isabel a despedirlo? ¿Fueron 300 o 600 los hijos de granadinos dejados como rehenes en Santa Fe para hacer efectiva la entrega? ¿Desde qué torre fue izada la cruz y los estandartes? ¿Cuántos cautivos cristianos había dentro de las mazmorras?
En este último aspecto que estoy tratando, el de los cautivos, las fuentes de cartas, despachos de embajadores y cronistas son muy contradictorias
En este último aspecto que estoy tratando, el de los cautivos, las fuentes de cartas, despachos de embajadores y cronistas son muy contradictorias. Se mencionan cifras aproximadas de 400, 500 y 700. Predominan los que se apuntan a la tesis de 700. En lo único que coinciden las crónicas que han perdurado es en que salieron esqueléticos, semidesnudos y famélicos; con ellos se organizó una procesión que discurrió desde la Alhambra hasta el Real de Santa Fe. Iban cantando Te Deum y dando gracias. Allí fueron alimentados y vestidos. Y los grilletes que los apresaban fueron enviados a colgar a la iglesia de San Juan de los Reyes de Toledo, donde ya estaban los de otros presos liberados en Málaga y Almería.
Ahí debió desbordarse su imaginación; no sólo los dio por muertos, sino por devorados en los platos de los sitiados
Las crónicas sí coinciden en que los nazaritas granadinos habían sumado unos 700 prisioneros durante sus salidas y celadas en la Vega durante la campaña iniciada en abril de 1491. Los prisioneros de años anteriores los daban por muertos. Quizás el error del inglés informante al arzobispo de Canterbury radicó en las cifras dispares que se dieron de los liberados: debió dar por buena la de 400 cautivos saliendo de las mazmorras; pero si se sabía que habían sido hechos prisioneros hasta 700 ¿qué ocurrió con los que faltaban? Ahí debió desbordarse su imaginación; no sólo los dio por muertos, sino por devorados en los platos de los sitiados.
He releído últimamente las principales crónicas sobre la Toma de Granada y absolutamente ninguna habla de canibalismo. De haberse dado algún caso durante los diez años que duró, alguno tendría que haber escrito una sola palabra de ello
He releído últimamente las principales crónicas sobre la Toma de Granada y absolutamente ninguna habla de canibalismo. De haberse dado algún caso durante los diez años que duró, alguno tendría que haber escrito una sola palabra de ello. El cronista oficial de los Reyes Católicos fue Hernando del Pulgar; sus escritos se caracterizan más por los silencios que por los detalles. En la Historia de los hechos del Marqués de Cádiz (1443-92), que fue uno de los principales actores y, en cierto modo, el provocador de la guerra, tampoco hay una palabra de comida de humanos. Igual ocurre con la crónica de Hernán Pérez del Pulgar.
Preferían obtener el salvoconducto (amān) para irse a África o morir de hambre antes que comer carne de animal con garras o a personas
El único cronista que desciende a contar detalles de hambrunas es Alonso de Palencia en su “De bello granatensis”. Menciona hasta veintidós veces cómo los habitantes de las grandes ciudades tuvieron que comerse burros, perros y gatos durante el tiempo que permanecieron cercados y sin posibilidades de que les llegaran suministros. Concretamente, en el caso del cerco de Málaga (1487) narra cómo se comieron “perros, ratas y comadrejas”. Extraña que recurrieran a esos extremos que están prohibidos por el Islam. En cambio, ni una sola palabra a canibalismo. Preferían obtener el salvoconducto (amān) para irse a África o morir de hambre antes que comer carne de animal con garras o a personas.
Del lado musulmán han quedado pocos registros que cuenten los últimos días del Reino de Granada
Del lado musulmán han quedado pocos registros que cuenten los últimos días del Reino de Granada. Entre los pocos escritores que lo vivieron dentro de las murallas se encontró Hernando de Baeza. Conoció a Boabdil en su cautiverio de Baena (1483), hizo amistad y en 1487 incluso estuvo viviendo dentro de la Alhambra. Tampoco menciona nada de hambruna ni canibalismo.
Se le nota cierta preferencia por la figura de Boabdil, a quien debió servir. Reconoce que las continuas talas y el cerco final hicieron que, llegado el invierno de 1491, la situación de los granadinos empeoró notablemente debido al hambre y la escasez de víveres
Existe una crónica anónima de quien debió ser un magnate o combatiente nazarí. Se llama La Nubdat al-asr. Su traducción al castellano podría ser Libro de noticias históricas sobre el fin de la dinastía nazarita. Está escrita en el exilio magrebí por alguien que prefirió emigrar. Habla de la guerra civil entre Boabdil, su padre y su tío Zagal que debilitó el Reino durante sus últimos años; la guerra santa contra los cristianos; del mal gobierno de sus emires; de la culpa de las mujeres en esas disputas palaciegas; las traiciones de algunos musulmanes poderosos que se tornaron cristianos y entregaron plazas a cambio de mercedes de los reyes de Castilla. Se le nota cierta preferencia por la figura de Boabdil, a quien debió servir. Reconoce que las continuas talas y el cerco final hicieron que, llegado el invierno de 1491, la situación de los granadinos empeoró notablemente debido al hambre y la escasez de víveres.
Así fue cómo convencieron al emir de que lo mejor sería negociar con los cristianos durante el invierno que se avecinaba, porque los ataques solían cesar debido al barrizal
Vio que, en aquella situación de penuria, ante un ejército cristiano e internacional que les doblaba en número, se produjeron reuniones entre el pueblo granadino (al-amma) y entre sus élites (al-jassa). Se dirigieron al emir Boabdil para hacerle partícipe de la situación extrema de necesidad en que se encontraban todos los granadinos. No podrían aguantar más con los suministros cortados y ninguna esperanza de recibir refuerzos por los puertos, ya que estaban en poder cristiano. Así fue cómo convencieron al emir de que lo mejor sería negociar con los cristianos durante el invierno que se avecinaba, porque los ataques solían cesar debido al barrizal. Se reanudarían en primavera, quizás con la mitad de la población intramuros ya muerta. Se iniciaban las capitulaciones antes de que la situación empeorase y los cristianos elevaran el nivel de exigencia.
En ningún momento da a entender aquel militar nazarita que la situación de hambruna dentro de Granada llegase al punto extremo de comerse perros, gatos y personas.
Últimos días de Granada musulmana
Conocemos que el 25 de noviembre de 1491, antes de que arreciaran el invierno y el hambre, fueron firmadas las capitulaciones por las que Boabdil y Fernando-Isabel entregaban y tomaban, respectivamente, lo que quedaba del Reino de Granada. Se resumía a la capital y las Alpujarras. Fueron unas condiciones de rendición que no parecían tales, muy favorables para los granadinos. Tanto que parecía que lo único que cambiaban era de gobernantes; se mantenían sus propiedades, su lengua, su administración, su religión, etc. Aquel que no las aceptara tenía la posibilidad de vender sus propiedades e irse a África con todo su dinero para iniciar una nueva vida. Un salvoconducto le facilitaba la salida, incluido el transporte por mar. Así había venido ocurriendo desde diez años atrás con los vencidos. Al emir depuesto y sus allegados se les condecía un mini-reino en la Alpujarra o en la Cornisa Cantábrica. Todo parecía demasiado perfecto como para que fuese eterno.
Hubo algunos aspectos que rodearon los últimos días del reino musulmán de Granada que difieren mucho según a qué cronista se recurra. Y ciertas lagunas no resueltas. Los principales son los siguientes:
El mismo Boabdil abrió la puerta de los Siete Suelos a Gutierre de Cárdenas y a los capitanes cristianos. La Alhambra amaneció tomada y con la corte musulmana saliendo de ella
Sospechas del pueblo, descontento y precipitación. Habían pactado el plazo de sesenta días para hacer la entrega de las llaves de la ciudad (hasta el 24 de enero). Luego se fijó la entrega el 6 de enero. Pero Boabdil, temeroso de revueltas, avisó secretamente de que se adelantara la entrega a la noche del 1 de enero. Fueron liberados 400-500 (600 según fuentes francesas e italianas) hijos tomados como rehenes. Se adelantó una avanzada cristiana, rodeando la ciudad para no ser detectada por el pueblo. El mismo Boabdil abrió la puerta de los Siete Suelos a Gutierre de Cárdenas y a los capitanes cristianos. La Alhambra amaneció tomada y con la corte musulmana saliendo de ella.
Las fuentes no se ponen de acuerdo cuántos cristianos iban en la avanzadilla para tomar la Alhambra. Lo único en que coinciden es que eran caballeros de Jaén, Úbeda y Baeza
Las fuentes no se ponen de acuerdo cuántos cristianos iban en la avanzadilla para tomar la Alhambra. Lo único en que coinciden es que eran caballeros de Jaén, Úbeda y Baeza. El francés Bernardo del Roi escribió que fueron entre 2.000 y 3.000 a caballo, más 5.000 peones. Y otros historiadores (Pedro de Medina) se limitaron a decir “mucho número de gentes”. Cifuentes calculó en 1.000 los caballos y 5.000 peones.
Sí coinciden en que era amanecido cuando ya estaban dentro. Hallaron en la sala del homenaje 17 estandartes tomados en batallas a los cristianos, incluso uno que era de 150 años atrás.
Pendón de la torre más alta. Boabdil recibió a Gutierre de Cárdenas en el trono de Comares, desprovisto de sus insignias reales. Le entregó las llaves de la ciudadela, en tanto las llaves de la ciudad se dejaron para el acto oficial de entrada de los Reyes a primera hora de la tarde. Las tropas cristianas se extendieron por todas las torres y puertas de la Alhambra. Hay discrepancia sobre cuál de las torres fue la elegida para tremolar los pendones de Castilla y Santiago. Unos mencionan la de Comares, la que se ve más cercana de todo el Albayzín; hay cronistas que mencionan la del Homenaje; y los más apuntan a la de la Vela, que es la que ha quedado como las más verídica y a la que le fue añadida la campana (una en 1595 y la actual en 1773, tras su rotura por una terrible helada). [El tañido de la campana fue todo un símbolo o promesa durante los diez años que duró la guerra; se ordenó que fuesen tocadas a martillo y no a volteo de badajo. Hasta que no se pudiera hacer con una sobre la Alhambra].
Inmediatamente fueron trasladadas desde el Real de Santa Fe hasta los almacenes de la Alhambra 30.000 cargas de harina y 20.000 de cebada para calmar el hambre de la población granadina.
Inmediatamente fueron trasladadas desde el Real de Santa Fe hasta los almacenes de la Alhambra 30.000 cargas de harina y 20.000 de cebada para calmar el hambre de la población granadina.
Grueso del ejército cristiano. Demos por buenas las cifras inglesas de que entre los nazaríes había 22.000 cotas, lo que se supone corresponderían con otros tantos dispuestos para guerrear. Si bien no sabemos su nivel de alimentación, ánimos y disposición de caballerías para salir al campo. Frente a ellos no hubo los 70.000 soldados cristianos que mencionan algunas fuentes, fueron bastante menos. Un documento que se conserva en el archivo de la Casa de Alba especifica cada una de las líneas de batalla que lo componían, con sus correspondientes mandos y efectivos. En total, la suma de soldados cristianos que rodeaban Granada el día 2 de enero de 1492 los cuantifica en 53.020 (12.970 lanzas a caballo y 40.050 peones).
En este detalle todos los cronistas presentes coinciden en que se formó una columna de cautivos, precedida por una cruz, que fue bajando a la ciudad por la Cuesta de Gomérez, salió por la de Elvira y se encaminó al Real de Santa Fe
Liberación de cautivos. Empezaron a aparecer cautivos que estaban de sirvientes en los palacios y a salir de las mazmorras los que iban liberando. No obstante, el mayor número de cautivos no fueron liberados hasta la tarde del día 2, tras el acto de acatamiento oficial que tuvo lugar cerca del morabito de San Sebastián. En este detalle todos los cronistas presentes coinciden en que se formó una columna de cautivos, precedida por una cruz, que fue bajando a la ciudad por la Cuesta de Gomérez, salió por la de Elvira y se encaminó al Real de Santa Fe. Los acompañaba el historiador francés Bernardo del Roy, aunque no da la cifra de los que iban, pero sí iban con una imagen de la Virgen y con sus cadenas. En cambio, la carta de Cifuentes cifra en 400 los cautivos que estaban en el corral que vinieron en procesión con una cruz. El historiador Alonso de Palencia fija la liberación de presos el día 3 de enero y asegura que su cifra era de 700. Otro francés, anónimo, también cifró en 700 los liberados. Una vez retiradas sus cadenas, la reina las remitió a Toledo. Todos ellos fueron alimentados, lavados de podredumbre y vestidos decentemente.
Una crónica francesa relata las condiciones en que vio deambular la procesión de presos: “Su aspecto partía los corazones, demacrados por el trabajo, harapientos, pero el Rey acudió a esta necesidad dándoles abrigos, vestidos y proveyéndoles de cuanto habían menester para su sustento y bienestar”.
A modo de conclusión sobre la existencia o no de extrema hambruna que se registró en los diez últimos años de la Guerra de Granada resulta a todas luces insostenible que se llegara al extremo del canibalismo
A modo de conclusión sobre la existencia o no de extrema hambruna que se registró en los diez últimos años de la Guerra de Granada resulta a todas luces insostenible que se llegara al extremo del canibalismo. Solamente las ciudades de Málaga, Baza y Granada padecieron cercos prolongados. En ningún caso fueron demasiado largos como para llegar a esos extremos. Aunque las fuentes sí hablan de exterminio de todo animal disponible y salidas desesperadas al campo en busca de hierbas. No es imaginable la concesión de unas capitulaciones tan favorables para los vencidos si se hubiera conocido que se estaban comiendo a sus prisioneros. Si lo hubieran descubierto al entrar a la ciudad, en este caso se hablaría de venganza por el vencedor. La represalia hubiera sido terrible. No hay una sola palabra al respecto.
Lo ocurrido con los apuntes, que no crónica, del monje inglés es fácil de imaginar: un participante inglés sabía que eran 700 los cautivos sepultados en el Campo de los Mártires; se quedó con la cifra más baja de 400 liberados y la conclusión fue pensar que faltaban 260. Ya no sabemos si el informante o quienes valoraron las faltas en Londres convirtieron los presuntos desaparecidos en 260 comidos por los granadinos. O quizás todo fue cosecha de la mente calenturienta del fraile William Wydmondham.
Aquella noticia tan llamativa fue recogida prácticamente por todos los diarios nacionales y locales españoles en octubre de 2006. También lo hicieron televisiones y emisoras de radio. Algunos le dedicaron muy buen tratamiento, especialmente los dos periódicos de Granada. No he conseguido [todavía] que el autor del descubrimiento me ceda una imagen de la anotación en el manuscrito inglés. Este tema del supuesto canibalismo en la recta final del Reino de Granada no ha tenido más recorrido por otras investigaciones. Al menos que yo conozca. A ver si aparece alguna otra fuente que pueda demostrar que hubo algo de realidad… o todo fue una patraña inglesa.
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